El avivamiento que necesitamos.

Gioele

Cada cierto tiempo es necesario que nos detengamos en el camino y consideremos cómo es nuestro andar. Esto, porque tendemos a automatizar los procesos de la vida, y en la belleza desafiante de lo cotidiano, podemos naturalizar o pensar que es normal cierta forma de vivir. En nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos, esto urge. ¿Hace cuánto tiempo no adoras a Dios con fervor y gozo? ¿Cuándo fue la última vez que lloraste a los pies de Cristo? ¿Hace cuánto que no sientes el gozo de compartir la fe con otros, en la lectura de la Palabra, en el estudio de ella y en la oración junto a alguien que lucha igual o más que tú? ¿Hace cuánto no compartes tu mesa con un hermano, fuera de las actividades organizadas por la iglesia? ¿Dejaste de soñar con esta comunidad? ¿Ya no corres ni te comprometes como antes para servir? ¿Te sientes obnubilado por el pecado de los otros o el tuyo propio? Si somos honestos, la radiografía puede ser dramática… Tal vez notemos que estemos más moribundos de lo que creemos. O tal vez, ya tengamos la certeza del valle oscuro que atravesamos. Pero hay remedio…

Sería fácil decirte que para salir de una situación adversa basta con tu esfuerzo y compromiso. Me gustaría mucho pedirte que te comprometas a cantar, leer, servir y vivir, añadiéndote a las actividades de la comunidad sin más. O tal vez, lo más fácil sería dejar de esforzarse y avanzar hasta que la máquina se detenga sola, simplemente por un acto de empatía, o más bien, de frío realismo. Porque al igual que tú, y como esa querida niña argentina llamada Mafalda, he dicho muchas veces “paren el mundo que me quiero bajar”. Y sí, tu esfuerzo y compromiso son sumamente importantes, y los necesitamos. Pero eso sería un avivamiento inventado y superficial, que no hace raíces en ti. Y es que debo decirte, una vez más, que esto no se trata de ti, ni comienza por ti. Si estuviésemos heridos al medio de una calzada, producto de un vehículo que nos atropelló, con toda seguridad no podríamos darnos “los primeros auxilios”. Necesitamos de un prójimo que nos ayude. En nuestra salud espiritual deteriorada, necesitamos que alguien nos preste su ayuda, su fuerza, su salud, su poder.

Un avivamiento es primordialmente una obra del Espíritu Santo. Es la acción que la Tercera Persona de la Trinidad hace para sostener, fortalecer, restaurar y dar vida a su iglesia. Como dice Timothy Keller, “a través del avivamiento, los cristianos estancados cobran vida y los cristianos nominales se convierten”. ¿De cuáles eres tú? ¿Estancado o nominal? ¡Ruega al Dios Todopoderoso que te despierte a la realidad de que necesitamos depender del Espíritu Santo para poder vivir! No te acomodes, por favor, ni te ensimismes en tu dolor o malas experiencias. Porque “el avivamiento no es una curiosidad histórica; es un patrón sistemático de cómo el Espíritu Santo trabaja en una comunidad para detener y contrarrestar el modo por defecto del corazón humano” (Keller). Ese modo por defecto, es producto del pecado que nos hace apartar la mirada del Dios vivo y real, y de nuestros hermanos, para ponerla en nosotros mismos, en nuestros sentimientos engañosos, y en nuestro anhelo de la iglesia perfecta o ideal. ¿Quieres una iglesia viva, poderosa, activa, sabia, madura? Parte por ocupar el mismo tiempo que usas para criticarla en tu mente o con otros, orando por ella, por sus miembros y por sus líderes. Si la iglesia necesita vida, es porque tú necesitas vida. Porque yo necesito vida. Y esa vida no la da un líder o el hecho de que comiences a mover tus manos para trabajar. Esa vida la da el Espíritu por misericordia a aquél que entiende su fragilidad, vulnerabilidad y necesidad de la gracia.

El salmista decía “¿No volverás a darnos nueva vida, para que tu pueblo se alegre en ti?” (Salmo 85:6). ¿Por qué no comienzas a orar esta semana por esta necesidad de vida para ti y la iglesia y luego nos preguntamos por el qué vamos a hacer? En nuestra realidad como Refugio de Gracia, necesitamos la vida que nos puede dar el Espíritu Santo. Sólo Él puede revitalizar a la iglesia. Sólo Él puede reparar a la comunidad. Sólo Él puede llenarte de poder para servir y testificar.

Nuestra esperanza de continuar se encuentra en la certeza de la vida que nos puede regalar el Espíritu Santo. Ese es el avivamiento que necesitamos.

En Cristo, Luis Pino Moyano.

 


 

Descargue el boletín del mes de noviembre de 2017, haciendo clic aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s